Aquí no se hacen rayitas

webpage El sueño me vence, y mi cabeza no para de pensar en el día que he tenido hoy.  A veces los pensamientos van más rápido que nuestras acciones; mi papa siempre decía que lo más difícil del ser humano es pensar lo que se dice y hacer lo que se piensa, en ese vaivén se nos pasa la vida.

rencontres urbaines tours Y quiero detenerme en la palabra vaivén.  Según el diccionario significa: “Cambio o variación inesperada en la situación o estado de las cosas”, entonces digo, ya entendí todo, somos parte de un eterno vaivén.  Solo que algunos aprovechan el vaivén para que esos cambios los impulsen a estados de conciencia más allá de lo tangible y terminen siendo seres maravillosos.

helpful resources Hago toda esta reflexión porque días atrás tuve el privilegio de escuchar un conversatorio del maestro Carlos Cruz-Diez, quien nunca deja de sorprenderme.  A sus 93 años luce intacto, puedo decir que la primera palabra que me viene a la cabeza cuando lo recuerdo es brillante, todo él es brillante.  Su obra, su taller, su familia y su forma de ver la vida.

http://hongrie-gourmande.com/frensis/3661 Con un gran sentido del humor nos contó su historia.  “Soy un artista, pero no de los que la gente piensa como un bohemio”, el éxito de su arte estaba muy ligado a tener estructura, organización, patrones y sistemas.  Un buen día a sus cuarenta y tantos años, después de un trabajo de 20 años que no lo hacía feliz decidió seguir su intuición, y se dedicó a apostar por un taller donde haría aquello que le apasionaba, no conforme con eso estudio el color en todas sus formas, a pesar de que muchos le dijeron que el tema del color ya estaba cerrado.

Find Out More Uno de los trabajos de los artistas que se iniciaban con Cruz-Diez era comparar los tornillos que se encontraban en el taller.  Tenían que acertar si eran diferentes por tan solo milímetros, y así desarrollaban la agudeza visual, el observar, la exactitud en lo que se hace, la perfección de la obra.

rencontre 17 saintes Y orientado a la perfección, si algo salía mal y continuaban haciendo el trabajo, contundentemente preguntaba, por qué no te detuviste?  Una frase tan simple pero tan cierta.

Entre risas nos contaba que lo primero que le decía a los que comenzaban en su equipo era: “Aquí no se hacen rayitas”, aquí no se copia, se enseña a pensar, a desarrollar ideas, a explotar los talentos de cada persona que llegaba a ese lugar de ensueño.

Podría pasar horas escribiendo reflexiones, pero estas son algunas que me quedaron marcadas para toda la vida: piensa si lo que estás haciendo te hace feliz, sigue tu intuición, insiste, apuesta a tu familia, no tengas miedo a lo desconocido, abre tu mente.

Al final, (y yo con ganas de que aquella velada nunca se terminara),  nos invitó a entender que estamos en un tiempo donde los viejos patrones no encajan, hacen falta nuevos filósofos con teorías económicas, sociales y políticas que sean innovadoras, vivimos en un siglo donde  Nieztche sigue vigente, nadie lo ha superado.   Y termina diciendo “ Hacen falta más soñadores, vean más al cielo y menos al celular”.